Beautiful Boy: ¿Hasta qué punto eres capaz de querer a alguien?

Crónica sobre la adicción a la metanfetamina de un chico adolescente y sus intentos por salir de la droga, a través de los ojos de su padre.

Close your eyes, Have no fear, The monster’s gone, He’s on the run and your daddy’s here

Estuve algunos días usando la cuenta de Amazon Prime Video de una amiga, por curiosidad más que nada (normalmente veo películas y series por, digamos, otras vías). Fue por pura casualidad (y aburrimiento) que di con la que creo es una de las joyas infravaloradas de su catálogo, que no había visto y que definitivamente insto a todos a verla antes que la eliminen.

Dirigida por Felix Van Groeningen, la película nos cuenta la historia de Nic Sheff (Timotheé Chamalet) y su padre, David (Steve Carell), periodista, que arranca la primera escena confesándole al editor del NY Times que su hijo consume metanfetamina, una de las drogas más duras disponibles. En la vida real, el reportaje que resultó de aquella confesión así como el posterior libro publicado por el padre son la base de este filme, donde en casi dos horas de duración vemos dos viajes: el de Nic, que atraviesa paulatinamente el mundo de las drogas experimentando, recayendo y luchando por recuperarse en un círculo vicioso cada vez más duro, y el de David, quien junto a su nueva familia intenta ayudarlo por todas las vías posibles, al mismo tiempo que lidia con los costos emocionales de esa batalla que parece no tener fin.

La película se construye sobre dinámicas temporales no lineales, un ir y venir que pretende acentuar los contrastes emocionales de los distintos personajes, así como deliberadamente confundir al espectador: en todo momento pretende replicar en quien la ve esa sensación de angustia y frustración en la búsqueda de un sentido, de una explicación que le dé orden y razón a lo que estás presenciando; la misma angustia y frustración que siente el padre de un drogadicto al intentar hurgar en el pasado y dar con una respuesta.

De esta manera la película nos muestra diferentes capas, que vale la pena tener presente y analizar separadamente antes y después de verla.

Resulta injusto y simplista quedarse solo en su capa exterior, como una película más de adicción y recuperación al modo de 28 Días pues, así, palidece frente a otras propuestas cinematográficas del género al tratar superficialmente aspectos a todas luces relevantes, como es por ejemplo la omisión absoluta de las razones por las cuales Nic se convierte en adicto.

Y decía que es injusto porque la intención del director no es, en absoluto, enfocarse en ello. El principal motor y logro de esta película es poner al espectador en la incomodidad de la decisión moral. Justamente gracias a un visionado que no plantea mayores profundidades resulta fácil colocar a la audiencia en la dificultad de tomar partido, apoyar o rechazar las decisiones de nuestros protagonistas.

El mérito y el riesgo del director es obvio: la industria del cine comercial hoy te entrega las moralejas servidas, fácil y rápido, y aquí viene una película que pretende alejarse de los tratamientos políticamente correctos sobre la adicción, sobre el apoyo, sobre la familia. Hay momentos y reacciones que impactan sencillamente porque son tan reales que no parecen propias del cine. En este sentido, Carell realiza una interpretación a mi gusto genial, recordándonos sus habilidades para el drama ya desplegadas en Foxcatcher o “Little Miss Sunshine”.

Como crítica, la película es temerosa de llevar al extremo el postulado planteado por ella misma. Juega en campos poco visitados, es cierto, pero es cautelosa en su apuesta.

La interpretación de Chamalet no alcanza a representar en toda su extensión la de una persona consumida por la metanfetamina (aunque fue nominado a los Globos de Oro y bueno, quién soy yo para discutirle a los Globos de Oro) y el guion deja fuera muchas temáticas que tal vez hubiesen aportado a profundizar las ramificaciones del desastre (de lo más evidente, el tratamiento casi anecdótico que se le da a la madre de Nic, sus esfuerzos y sufrimientos pasan casi como una nota al margen). Por lo anterior, es fácil para el espectador equivocarse y quedarse con las dos premisas superficiales de la película, “quiere a tus hijos” y “no consumas metanfetamina”; dos premisas para las cuales creo que nadie necesita este filme.

A pesar de los defectos mencionados, “Beautiful boy” resulta ser un destacable ejercicio dramático completamente recomendable, me arriesgaría a decir que digno de compararse con propuestas como “Marriage Story”. Si tienes Amazon Prime Video, o si puedes conseguírtela por otras vías, ponla en tu lista de pendientes ahora mismo.

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